Cartografías líquidas

Acuarela, acrílico, látex y lápiz color sobre papel reciclado.

Esta pieza surge de una operación de desmontaje y reconstrucción. La obra está realizada con papeles provenientes de antiguas carpetas escolares de mi adolescencia, una etapa que conservo asociada a experiencias de fragilidad y dolor.

Rompí esos papeles, los arrugué, los superpuse y los convertí en un nuevo soporte. Me interesaba trabajar con una materia cargada de memoria, no como documento autobiográfico, sino como territorio de transformación. Cada fragmento conserva huellas de escrituras, dobleces y marcas del tiempo, visibles apenas bajo las capas de agua y color.

La acuarela actúa aquí como una fuerza de expansión. El agua atraviesa los pliegues, une lo disperso y produce una geografía inestable, hecha de acumulaciones, corrientes y zonas de disolución. La instalación se extiende horizontalmente como un paisaje en movimiento, una cartografía emocional que no representa un lugar exterior, sino un proceso interno.

Durante la realización de la obra hubo una necesidad de transformar aquello que había sido vivido como ruptura en una posibilidad de creación. Pintar sobre esos restos fue, para mí, un gesto de reparación simbólica: no borrar el pasado, sino volver a habitarlo desde otra forma.

Cartografía líquida propone pensar la memoria como algo móvil, permeable y cambiante; un territorio que puede fragmentarse, desplazarse y, aun así, encontrar nuevas formas de continuidad.